Entrevista a Javier Baeza

By 15. December 2016Allgemein

El camino se recorre andando

Javier Baeza lleva más de treinta años al servicio de los más necesitados. De orígenes humildes, decidió entrar en la profesión religiosa para servir a los demás. Javier ve una redundancia separar la fe religiosa del trabajo social que ocupa sus días. Es un párroco atípico que da las misas en vaqueros, a veces utiliza rosquillas durante la eucaristía en lugar de la oblea tradicional, y se reúne con diversos grupos políticos y asociaciones que apoyan eventos sociales y trabajos que beneficiaban a su comunidad.

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Javier Baeza ayudando a uno de los niños inmigrantes con los que vivió.

Alberto Pozas, periodista de la cadena SER, me lo presentó como “la voz de los niños del Gallinero, los niños olvidados de Madrid. Sin él y otras asociaciones con las que trabaja, tales niños serían victimas de cualquier maldad sin que nadie supiera de su existencia”

A su vez Elisa Goñi, Directora de Alumni en ExE y ex-participante en el colegio Santa Rafaela María, en el madrileño barrio de Entrevías donde Javier Baeza ejerce su actividad, apoyó la propuesta de mi encuentro con él diciendo “me parece genial que puedas entrevistar a Javier Baeza. Durante mis años de participante ExE en Santa Rafaela María pude apreciar el reconocimiento y amor que su comunidad le tiene, además de la inspiración que su trabajo genera”.

No me lo pensé dos veces: comencé a escribirle un día sí y al otro también para poder concertar una entrevista. No fue fácil, la mayoría de los mensajes quedaban sin respuesta, pero finalmente lo logré.

Javier, es una persona ocupada y con una agenda repleta de actividades. Incluso durante el transcurso de la entrevista pude comprobar la cantidad de personas que venían a visitarlo para solicitar ayuda, aclarar dudas sobre alguna obra social en activo, o solicitar información acerca de entidades con las que poder crecer y colaborar por el bienestar de los niños.

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Javier Baeza ejerciendo su derecho al voto.

Un jueves por la noche, en la Parroquia San Carlos Borromeo, a la luz tenue de unos fluorescentes, fue el espacio donde pude escuchar sus experiencias y visión social.

Daniel: Javier, si tuvieras que describirte a ti mismo en pocas líneas ¿como empezarías?

Javier: Me considero un ciudadano sensible y activo a aquellos miembros de mi comunidad excluidos y con crecientes demandas sociales. Trato de satisfacer tales demandas en la manera que puedo y se me permite. Comencé trabajando y apoyando a este sector de nuestra comunidad hace treinta años. En mis inicios, me concentré en personas drogodependientes y afectadas por el VIH. Llegué a enterrar a más de 40 chavales con los que había creado un vinculo afectivo importante. Más tarde, pude conocer de cerca la realidad de los menores inmigrantes, que llegaban a nuestro país sin ningún tipo de soporte y ayuda. Muchas veces me contaban como habían tenido que comer de la basura y viajar en los bajos de los camiones para llegar hasta aquí. Fue cuando dio comienzo la acogida de muchos de esos chicos en mi propia casa. Actualmente, aunque continuo mi labor con personas drogodependientes, e inmigrantes menores de edad, estoy fuertemente involucrado en el apoyo a las familias y niños que habitan en el Gallinero (poblado chabolista a las afueras de Madrid).

 

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Javier Baeza durante su labor en el barrio chabolista de El Gallinero.

D: ¿Qué experiencia tienes trabajando por el bienestar y desarrollo de los niños y niñas?

J: Bueno, dividiría mi experiencia en tres estadios: primero, durante mis inicios en Entrevías, comencé trabajando con drogodependientes y enfermos del VIH. Me tocó presenciar la vulnerabilidad de aquellos niños y adolescentes que tenían que convivir con familiares y allegados adictos a la droga. Las consecuencias que para un niñ@ puede acarrear saber que su madre se prostituye para poder drogarse, su padre se exaspera por “el mono” de no consumir, o su hermano mayor se debilita por culpa del VIH pueden ser desastrosas. La inseguridad de su entorno se traduce en una inseguridad propia que genera miedo y rechazo. Entre esos niños inmersos en familias desestructuradas, muchos acababan por delinquir y reclusos en centros de menores. Cuando salían, del centro de menores o de la situación familiar adversa, quedaban en la calle desamparados. Se convertían en los llamados “niños de la calle”.

Mi segunda etapa podría marcarse cuando me interesé por la realidad de los inmigrantes menores de edad. El sufrimiento que les causaba haber abandonado sus familias, romper con lazos culturales tan importantes, para luego encontrarse en una situación de desamparo como les sucedía una vez aquí les ocasionaba desesperación. Muchos de estos chicos no eran capaces de comunicar sus emociones, llegaban incluso a ignorarlas, conllevando una violencia interna que limitaba su propia integración o posibilidades de crecimiento. Comencé a acogerles en mi propia casa para permitirles un espacio de confianza y cercanía donde poder expresarse y calmar las tensiones que habían ido produciéndose durante su largo viaje.

Por último, no puedo pasar por alto mi experiencia en la barriada del Gallinero. Allí los niños conviven en un escenario de miseria inhumana. Una pobreza de tal grado que es difícil concebir su desarrollo futuro si la gestión de tal comunidad no recibe apoyo material y profesional cualificado. Casos de malnutrición, absentismo y fracaso escolar, falta de electricidad para alumbrarse, poco gas para cocinar y calentarse, escasez de agua… Es el tercer mundo a las puertas de una capital europea.

D: ¿Cuál crees son los factores más críticos en el desarrollo de un niño o niña?

J: Difícil pregunta. Cuesta simplificar la respuesta ya que son muchos los estímulos que influyen en la evolución de un niño o niña. Pero si tuviera que elegir tres, listaría el soporte afectivo (familia, amigos, comunidad, escuela…); el grado de libertad que disfruta (que tenga opciones a escoger, que se le escuche y tomen en cuenta sus opiniones, que se le muestre las consecuencias de sus decisiones y tome responsabilidad de las mismas) y por último las condiciones materiales de habitabilidad con las que cuenta (electricidad, materiales escolares, ropa, alimentación…).

D: Como profesor en los últimos tres años y participante del programa ExE, estoy muy interesado en conocer cuál crees es el papel de un maestro en la educación de niños en contextos de vulnerabilidad.

J: Es muy importante que el profesor se interese y conozca el contexto socio-económico del alumno. Conocer su punto de partida te ayudará a acogerle y acompañarle hacia los objetivos de desarrollo que deseas plantearle. En esta maratón que es la vida, no es lo mismo partir del km.0 que partir del km.10. En mi opinión, los educadores y trabajadores sociales tenemos que tomar muy en cuenta la situación presente de los afectados a la hora de establecer metas.

D: Has mencionado aquellos comportamientos introvertidos, desconfiados, apáticos y en cierta forma cerrados a la hora de comunicarse contigo y generar posibilidades de cambio en niñ@s protagonistas de traumas y contextos pobres. ¿Qué estrategia empleabas para inspirarles confianza y apoyar su expresividad y autoestima?

J: Primero, uno ha de reconocer el sufrimiento que ese chic@ lleva consigo debido a sus circunstancias pasadas. Es ese sufrimiento el que genera miedo y una actitud defensiva de introversión y apatía. Sabemos que ese ciclo se rompe con confianza y sentimiento de seguridad. Sin embargo la confianza y la sensación de seguridad no tienen formulas mágicas, son trabajos que hay que llevar cabo. Debemos enfrentar ese trabajo de forma humilde y paciente, aceptando que mostrar a alguien una puerta no significa que dicha persona quiera abrirla. Hay que ser persistente y aceptar que cada uno tiene su propio ritmo de desarrollo. Debemos mostrar cada día una actitud reconfortante.

Siempre que hablo de esto me viene a la mente la actitud de una madre frente al bebe que llora. La madre no trata de racionalizar el sufrimiento del bebe, simplemente lo acoge y reconforta de manera compasiva y eso es al final lo que ayuda al bebe a superar el sufrimiento para acoger el futuro. Así, no tenemos que analizar, tratar de entender o discutir con nuestros jóvenes aquello que los hace sufrir si eso no es lo que desean. Lo que si debemos matizarles es que ese sufrimiento pasará y estamos ahí para apoyarles a superarlos.

No puedo olvidar lo que una de las madres de Madres Contra la Droga me dijo “se puede vivir con cicatrices, pero no con heridas abiertas”.

D: Como muchos de mis compañeros ExE, en mi escuela y aulas tenemos a muchos niñ@s llegados recientemente de diferentes partes del mundo. Sentimos como además de los desafíos académicos que enfrentan como cualquier otro alumno, se añaden aquellos propios de adaptarse a una nueva cultura y situación familiar-social. ¿Qué consejos nos aportarías para facilitar la integración de estos niñ@s?

J: Para que el alumno inmigrante se integre y se sienta parte del crecimiento de la clase es importante que aprecie tres hechos en tu aula:

1) En tu clase se valora la diversidad y multiculturalidad de todos de manera ecuánime.

2) En tu clase no se aceptan las tipificaciones ni estereotipos culturales.

3) En tu clase ese alumn@ tiene posibilidades de crecimiento y su trabajo contribuye al bienestar del grupo.

D: Frecuentemente observamos como las posibilidades de desarrollo de un niño viene más determinado por su entorno socio-económico que por sus propias capacidades e intereses personales ¿Qué papel podemos jugar los ciudadanos para transformar esta realidad y que los niños de entornos vulnerables tengan acceso a las mismas oportunidades que los niños de entornos favorecidos?

J: Lo esencial es “estar atento”. Ante una realidad tan miserable y dolorosa podemos tener la fácil tentación de “mirar hacia otro lado”. El hecho mismo de “mirar” la realidad ya es transformadora en sí mismo.

La segunda acción sería “dejarnos” conmocionar por la realidad que viven los pequeños. Intentar ponernos en su lugar y posibilitar crear un clima que facilite hablar de sus sentimientos, de cómo se viven, en sus circunstancias personales. Si cualquier acercamiento a las personas en exclusión exige posibilitar condiciones suficientes para hablar de su mundo interior;  mucho más las criaturas cuyo torrente de vida y sentimientos muchas veces queda silenciado “porque son pequeños, no comprenden…”

Y la tercera clave sería “visibilizar” la realidad que vive mucha chavalería a nuestro alrededor. Siendo “cómplices y defensores” de los más pequeños y vulnerables. La complicidad es lo que “nos liga” a los otros y la defensa es colaborar en el desarrollo de los más pequeños para que sean sujetos y partícipes de su propia crianza. Ser pequeño, niño o niña, no supone ser incapaz.

D: Para finalizar Javier, ¿cuáles crees que son los mayores retos que nuestros jóvenes y niñ@s tendrán que superar a lo largo de su paso por la escuela y desarrollo personal?

J: Creo que principalmente enfrentan la dicotomía que los mismos adultos también enfrentamos: conciliar la vida que tienen con la vida que los medios de comunicación les presentan deberían vivir. La poca similitud que presentan el marco que se les plantea, con el contenido que diariamente experimentan les genera frustración y decepción. Perciben que no están alcanzando lo que de ellos se espera, que no tienen lo que la mayoría sí tienen, y finalmente, que la culpa es de ellos porque no valen lo suficiente para adquirir esa vida que se les plantea. Esa falta de confianza que la sociedad les instruye produce secuelas difíciles de sanar si no existe un dialogo frecuente con ellos en los que demos cabida a sus opiniones, deseos y expresión de sentimientos.

–Daniel Leralta. Participante ExE 2016-2018