La experiencia de Ilia en Haití y ExE

By 14. February 2017Allgemein

Hay momentos de mi vida en los que me parece que todo tiene sentido, que estoy donde tengo que estar. Esto me sucede cuando percibo que hay una secuencia lógica de acontecimientos que me encaminan inexorablemente hacia el momento presente. Empieza por Educar es uno de esos momentos de mi vida.

Estudié arquitectura. Desde muy temprano me sentí atraída por esta carrera: Pensaba que era un oficio creativo, que implicaba el construir algo que antes no existía, que por otro lado era muy digno, pues la gente siempre necesitará casas. Disfrute muchísimo la carrera, aunque suene a tópico creo que fueron de los mejores años de mi vida, y a pesar de que ahora no ejerza la profesión volvería a estudiarla.

Sin embargo, cuando me enfrenté al mundo laboral como arquitecta descubrí que no todo era tan creativo ni tan digno, que muchas de las cosas que se construyen en este mundo no las necesita nadie realmente, ni contribuyen a que sea mejor o más justo.

Este fue para mí un momento de vuelta a los orígenes, de buscar las verdaderas razones que me habían llevado a ser arquitecta. Empecé a interesarme por la arquitectura tradicional, los materiales sostenibles y realicé un postgrado de habitabilidad básica en asentamientos humanos en el tercer mundo.

Ilustración 1: Ilia, abajo a la izquierda, participante de ExE de la 5ª promoción, durante uno de sus viajes internacionales. Marruecos, 2013.

Mis pasos me llevaron al mundo de la ONGs. Fui voluntaria de Arquitectos Sin Fronteras un tiempo, hasta que me pareció que el único contexto donde tenía sentido ejercer mi profesión era en los países en vías de desarrollo, donde de verdad la gente necesita casas, escuelas, hospitales y tantas otras cosas.

Así terminé trabajando en un pequeño pueblo en la frontera haitiano-dominicana en un proyecto de construcción de escuelas en comunidades rurales. Haití es un país en el que hacen falta tantas cosas que este planteamiento vital mío de realizar un trabajo que verdaderamente sea necesario se vio fuertemente sacudido. Ese año fue el más difícil de mi vida, pero también en el que más crecí personalmente. Por mucho que te prepares a nivel teórico antes de emprender un trabajo así creo que es imposible hacerse una idea de lo que te vas a encontrar cuando llegas. Por primera vez en mi vida viví sin luz o agua corriente. Por primera vez he tenido que enfrentarme a ser responsable de un proyecto en un mundo en el que el machismo va mucho más allá de lo que había imaginado desde España. He visto con mis propios ojos la profundidad de las desigualdades y la pobreza extrema, y he experimentado como la ambición de los poderosos puede truncar las mejores intenciones y condenar a miles de personas a la miseria.

De este año guardo cierto sabor agridulce. Con muchísimas dificultades las escuelas terminaron saliendo adelante, pero el trabajo me permitió descubrir la realidad de una escuela muy precaria no solo a nivel de infraestructura; muy bajo nivel del profesorado, del currículo impartido, imposibilidad por parte de las familias de enviar a los niños a la escuela, castigos físicos… Esto me llevo a una pregunta ¿De qué sirve cambiar la escuela por “fuera” si no estamos cambiando lo que pasa “dentro”? Tal reflexión me preparó y encajó con la visión de Empieza por Educar. Siento que ahora mi compromiso y vocación encajan como las piezas de un puzzle.