La matemática que cumplió el sueño americano

Tal vez porque mi padre es un médico comprometido y mi madre una implicada directora de colegio, desde muy pequeña comprendí la importancia de luchar por la justicia social.

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QUIÉN SOY

Estudié Matemáticas e inmediatamente después comencé a trabajar en una consultora financiera en Madrid. No necesité demasiado tiempo para darme cuenta que ese no era mi lugar.

Miriam Arriola

Un poco desorientada y con ganas de encontrar mi sitio, comencé a estudiar el Máster de Formación de Profesorado, con el objetivo de introducirme en el mundo educativo. Siempre me había interesado, pero nunca lo había considerado como una oportunidad. Es por eso que había algo en aquella decisión que no me convencía del todo.

Estaba a punto de terminar el Máster cuando recibí un mensaje de Facebook de Mikel, amigo y compañero de aventuras. Decía así: “Mira qué interesante. He pensado en ti. Me estoy planteando aplicar yo también”, e incluía un enlace a una noticia sobre ExE. Carne de gallina y un único pensamiento rondaba mi cabeza: “esto es para mí”. Ambos aplicamos.

Recuerdo cómo en el coche, camino a Bilbao, fantaseábamos con la idea de trabajar juntos y nos partíamos de la risa. Después resultó ser realidad. Así comenzó todo.

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LA EXPERIENCIA

Ya estábamos todos dentro, inicio del Instituto de Verano (IdV). Éramos gente variada y desconocida con un mismo fin: averiguar dónde nos habíamos metido. No había referencia, nosotros éramos los primeros, nosotros teníamos el poder de decidir en qué queríamos que se convirtiera el proyecto.

Mediante una formación en estrategias, herramientas y conocimientos, el IdV puso los cimientos de lo que íbamos a construir después. Una pequeña gran familia luchando cada día por un mismo objetivo.

Ser profesor es dificilísimo. Piensa la visión y dale forma, diseña un plan (que cambiarás), organiza y gestiona tu clase, conoce a tus alumnos, fija expectativas, planifica, imparte clases, recoge datos, analiza, aprende, cambia (bucle), reunión con padres, claustros, formación, visita del tutor, co-investigación, más aprendizaje, más cambio, bajón, subidón, decepción, logro, sorpresa… Agotador. Precioso.

Cartel de la clase de Miriam

No son pocos los que califican mi paso por ExE como “una de las mejores experiencias de mi vida”. Y corroboro: ha sido una etapa de autodescubrimiento, superación y crecimiento. Aprendí a sacar lo mejor de mí misma, a darme cuenta de que puedo más de lo que creía y a ver los momentos difíciles como oportunidades.

En el camino he conocido a personas irrepetibles que me han apoyado y que sólo por conocerles, habría merecido la pena embarcarse en ExE. Llámales partis (participantes), llámales alumnos.

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EL FUTURO

Mediante el programa de Profesores Visitantes del Ministerio de Educación conseguí trabajo en una escuela pública en Washington DC.

Soy profesora de 5º grado de matemáticas y ciencias en Bancroft Elementary School, una escuela bilingüe en un barrio salvadoreño del norte de la ciudad. El porcentaje de alumnado inmigrante es altísimo (ronda el 75% de latinos) y el nivel socio-económico es bajo. Atendemos a familias muy humildes, algunas incluso, viven bajo el umbral de la pobreza.

Estudiantes de Miriam de la Bancroft Elementary School

En definitiva, me he plantado aquí con mis herramientas “ExEscas” para enfrentarme a un entorno bastante más complejo del que pude encontrarme en Madrid. Sin embargo, mi experiencia en ExE me ha permitido estar preparada, con la camisa remangada y con recursos en la mochila listos para ser utilizados. Pero no sólo eso, también con las gafas puestas y los ojos bien abiertos para observarlo todo.

No soy capaz de escribir en este post todo lo que estoy aprendiendo, tanto a nivel de aula/colegio como de sistema. Reconozco que he empezado a escribirlo (no quiero que se me escape nada) y lo que empezaron siendo unas notas informales, como siga desarrollándolo, terminarán siendo algo más.

No me gustaría dejar de nombrar algunas:

Las clases son un lugar público en el que cualquiera puede entrar: padres, tutores y directores. En todas las escuelas existe la figura que podría equipararse al tutor (coach). Esta persona tiene el objetivo de entrar en las clases y observar, dar feedback, liderar formaciones y ayudar a los docentes a continuar desarrollándose profesionalmente. Además, localiza las mejores prácticas, que después son compartidas con la comunidad educativa. Es una pasada, cuando llegué me dio la sensación de volver al IdV.

Estudiantes de Miriam de la Bancroft Elementary School

El trabajo es en equipo. El mío está constituido por tres profes y yo misma, que trabajamos codo con codo cada día. En el aula trabajamos por parejas en las que, dependiendo de la asignatura, lidera una u otra persona. Esto permite una mejor atención a la diversidad, más trabajo cooperativo y una gestión del aula espectacular. Los equipos además planificamos en conjunto, con lo que los estudiantes reciben un aprendizaje integrado en el que todos estamos alineados.

El bombardeo de mensajes de motivación y altas expectativas es continuo. Los carteles inundas las paredes, los colores alegran nuestras clases.

Siento que aún tengo muchas cosas que aprender y que están ahí, esperando a ser descubiertas. Por eso, con pena y alegría, dejo el aula. Me siento estimulada: tengo ideas, proyectos y sueños por cumplir.

Por un lado está CrecED, que, como ya comentaba Elisa en su post, es un proyecto pequeño con grandes objetivos, y cuyo propósito es formar a profesores y beneficiar a alumnos. Gracias a él, me invade la ilusión por emprender y aportar mi granito de arena, y la emoción de volver a trabajar con compañeras y siempre amigas.

Por el otro está la inmensidad de posibilidades que ofrece una ciudad como Washington, vibrante de movimiento de organizaciones, fundaciones y ONGs que atienden a necesidades muy variadas: desde la formación de profesores, pasando por la atención a las familias o los vídeos educativos, hasta proyectos sociales en Latinoamérica. Todo un abanico de posibilidades. Quiero absorberlo todo. En breve comienza una nueva aventura, aún sin nombre, pero seguro que me permitirá seguir creciendo.

Cuando vuelva, prometo contarlo todo.

–Ms. Arriola

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