Participantes de ExE cruzan, voluntariamente, el charco

By 8. September 2014Participantes ExE

Tras unos miles de kilómetros y unas cuantas horas de avión, cinco intrépidas participantes de ExE llegamos a distintos puntos de Sudamérica. Hacía menos de un mes que sabíamos que este verano íbamos a tener la oportunidad de colaborar con la fundación de Prosegur, Piecitos Colorados y un gran reto se presentaba ante nosotras.

Piecitos Colorados es un proyecto educativo de Cooperación al Desarrollo. No solo se preocupa por mejorar las infraestructuras de las escuelas a las que ayuda, sino por contribuir a la autogestión y a la educación de una forma integral, centrándose también en aspectos como la nutrición, el deporte o el acceso a las nuevas tecnologías. Desde el año pasado, en colaboración con Empieza por Educar, trabaja en la formación de los docentes buscando así un mayor impacto tanto en los niños como en la comunidad.

Este año, cinco personas tuvimos la suerte de participar en este proyecto durante cinco semanas. El destino de Xisca y Eude fue Paraguay, Marta y Jéssica fueron a Colombia y Eva vivió la aventura en Argentina. Ahora dejamos que cada una os cuente su experiencia:

Paraguay

Paraguay es color, luz, puertas y brazos abiertos, sonrisas, música y contrastes. De todo ello pudimos impregnarnos durante nuestras cuatro semanas en la escuela San Ramón de Capiatá, cerca de Asunción. Nuestra escuela se encontraba también en un entorno rural muy humilde de tierra roja y los cursos que se impartían eran desde jardín de infancia (3-4 años) hasta noveno grado (15 años). Nuestro trabajo se centró en el profesorado y consistió en la observación de clases y en una serie de sesiones formativas con el fin de colaborar con los docentes, compartir y mejorar ciertos aspectos pedagógicos.

Xisca y Eude con algunas de las profesoras del centro.

Xisca y Eude con algunas de las profesoras del centro.

A pesar de la incertidumbre y el nerviosismo inicial, tanto el recibimiento como la apertura y predisposición de los docentes y la dirección fue espectacular, facilitando así mucho la labor y haciendo de nuestra estancia una experiencia irrepetible. La principal dificultad la encontramos con el profesorado de secundaria, debido a que su jornada laboral se distribuye a lo largo del día en unos ocho institutos y su paso por el centro era muy breve. También con el profesorado de infantil, etapa con la que teníamos poca experiencia, pero trabajamos conjuntamente para adaptar algunos de los recursos y estrategias a las edades requeridas.

Alumnos de preescolar en el día del folklore.

Alumnos de preescolar en el día del folklore.

Gracias a todas y cada una de las personas que hemos conocido durante nuestra estancia, hemos podido aprender, reflexionar, vivir y apreciar la cultura paraguaya y la hospitalidad y amabilidad de sus gentes. Nos llevamos una experiencia inigualable tanto a nivel personal como profesional imposible de olvidar.

Colombia

En Colombia tuvimos la suerte de trabajar en dos escuelas distintas: María Auxiliadora de Guachinte (cerca de la ciudad de Cali) y la Aguada de Ceferino (en Girón, próxima a Bucaramanga). Ambas estaban situadas en entornos rurales, donde la educación no es una prioridad para la mayoría de los padres. El alumnado de estas escuelas comprendía desde transición (preescolar) hasta grado 11 (nuestro 2º bachillerato). Una de las particularidades que mostraban ambas escuelas era que para ajustar el número de alumnos a la ratio por profesor, podían llegar a tener hasta tres grados en el mismo aula.

Jéssica en una de las sesiones formativas del profesorado de La Aguada.

Jéssica en una de las sesiones formativas del profesorado de La Aguada.

El trabajo se centró en los profesores. En Guachinte, al ser la primera vez que colaborábamos con ellos, trabajamos aspectos generales: normas de centro, sentido de pertenencia y motivación. En la Aguada, como nuestras compañeras de ExE Elena y María ya estuvieron trabajando con ellas el año pasado, pudimos trabajar otros aspectos como la didáctica de las clases o el cómo elaborar un proyecto de vida con los alumnos.

Marta en la escuela de Guachinte votando carteles motivacionales con los estudiantes

Marta en la escuela de Guachinte votando carteles motivacionales con los estudiantes

Ambas queríamos destacar que ha sido una gran experiencia tanto a nivel educativo como a nivel personal. Hemos podido trabajar con profesores que nos han abierto las puertas de sus pequeñas escuelas y que además nos han permitido sumergirnos en su cultura. Así es como pudimos compartir confidencias, historias de su comunidad, la dureza de su día a día e incluso ¡participar en unas olimpiadas docentes!

Argentina

Mi experiencia en Argentina ha sido una de las mejores de mi vida. He estado viajando por el país conociendo gente maravillosa, viviendo cuatro semanas con mi segunda familia: los niños, niñas y maestros de la escuela albergue Coronel José Ignacio Murga, escuela situada en medio de la cordillera andina, a más de 2000 metros de altitud, en el norte de Argentina (provincia de Tucumán). La escuela tiene 30 niños entre 3 y 12 años y en ella trabajan 2 maestras, el director y dos especialistas que enseñan a tejer y a cultivar hortalizas. Es, además, una escuela albergue de lunes a viernes, lo que ha contribuido aún más a que fuera una experiencia muy intensa conviviendo con alumnos y docentes las 24 horas del día.

Eva con algunas profesoras e intendentes de la escuela.

Eva con algunas profesoras e intendentes de la escuela.

Niños y profesorado me mostraron y ofrecieron su hospitalidad, cariño y sonrisas a pesar de no tener nada. Yo colaboraré dando clases de inglés al grupo de niños de 9 a 12 años, ya que ningún otro maestro allí les puede enseñar la materia. Además, los conocimientos de inglés resultan clave porque facilitan el camino a aquellos que puedan continuar sus estudios e ir a la secundaria. Por otro lado, trabajé desarrollando un proyecto de ciencias basado en el medio ambiente y la sostenibilidad.

Alumnos de la escuela donde colaboró Eva

Alumnos de la escuela donde colaboró Eva

La realidad que viven las niñas y niños, no es fácil. Aun así, la fundación y la escuela les dan comida cada día y unas instalaciones donde estudiar y habitar. Traté de hablar y hacer reflexionar a los niños acerca de su proyecto de vida para que se esfuerzen al máximo y puedan conseguir becas para continuar estudiando. Tengo ilusión y esperanza de que las cosas mejorarán. Cruzo los dedos para que les pongan Internet, y puedan conectarse al mundo; que les pongan más placas solares, y puedan tener algún calefactor para calentarse en invierno; y les den más becas de estudio, para que puedan seguir estudiando y optar a un futuro mejor.

— Eude, Eva, Jéssica Marta y Xisca

 

 

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