Esta semana he tenido la suerte de poder pasar dos días con un grupo de CEOs de los programas europeos de la red Teach For All y otros dos con el equipo al completo de ExE. El objetivo de la primera reunión era sentar las bases para cooperar más estrechamente entre los programas europeos. El de la segunda era hacer una reflexión conjunta para alinearnos.

Dice Asaf, el CEO de Teach First Israel, que lo mejor de las conferencias pasa en las pausas. Lo dice de una manera socarrona, pero no deja de tener razón. Es el momento en el que puedes preguntar por ese comentario que no acabaste de entender, o que puedes dar las gracias por un aprendizaje, o interesarte por cómo le van las cosas a otro. Además de las pausas, de la primera reunión destacaría los momentos en los que cada CEO compartió las innovaciones que estaban desarrollando en sus programas. De esos dos días me llevé una lista larga de reflexiones, ideas y proyectos, pero querría aquí destacar las dos ideas más destacadas para mí:

1. El miércoles tuvimos la suerte que Toni y Natàlia, los tutores de ExE en Barcelona, compartieron con el grupo nuestro trabajo sobre la visión para los estudiantes. Este es un esfuerzo vivo en el que involucramos a cientos de alumnos, familias, profesores y participantes, alumni y equipo de ExE durante meses para identificar qué conocimientos, competencias y mentalidades queremos ver en los alumnos cuando tengan 25 años -y de allí retrocedemos a los 16 y a los 12. Es un ejercicio donde consistentemente destacan dimensiones no solo académicas, sino también intrapersonales y sociales. Vemos que, en su mayoría, todos los agentes queremos que todos los alumnos tengan las mayores oportunidades lo que necesita de una mezcla de logros académicos, carácter y acceso.

Reconocemos que en el siglo XXI los conocimientos son importantes, pero sirven de poco sin creatividad, sentido crítico y la capacidad de trabajar en equipo y en diversidad. También que sean personas felices, que se conocen a sí mismas y que están comprometidas y empoderadas para ejercer un impacto positivo en su entorno y en otras personas. En efecto, cuando miramos y escuchamos a nuestros alumnos vemos en ellos tanto su situación de partida como a los futuros arquitectos de la sociedad que viene.

Este ejercicio por eso convive con dos tensiones importantes. Por un lado, la visión para cada alumno debe partir de él/ella mismo/a y por otro lado, la redacción de una visión por sí misma es muy poco operativa, es muy poco accionable. La primera tensión se resuelve al entender este ejercicio no como el de definir una visión concreta a la que conformar cada alumno, sinó como el diseño de un marco general en el que tengan cabida infinidad de visiones individuales. La segunda, al entender que aunque una buena redacción de una visión, que sea ambiciosa, medible y accionable, sirve de guía, el reto no acaba aquí, sino que pide de operacionalizar la visión. Una manera de hacerlo es mediante dos ejercicios que se refuerzan: i) si X es la visión para los 25 años, qué tengo que ver, dado X y la situación de partida, dentro de un año (por ejemplo) para tener confianza en que estamos en el buen camino hacia X? este “qué tengo que ver” a veces se define como la gran meta; y ii) la gran meta la tengo que llevar al nivel de indicadores precisos, pero también al nivel de definición de comportamientos específicos. Por ejemplo, si los valores de mis alumnos y sus querencias nos llevan (a ellos y a mí como profesor) a definir que la creatividad es muy importante, qué indicadores voy a elegir para saber si estamos siendo cada vez más creativos? y qué comportamientos espero ver de mis alumnos en clase, entre clases, en su día a día, consistentes con nuestro objetivo de creatividad?

Este ejercicio requiere de un conocimiento profundo de mis alumnos, de ayudarles a articular sus valores, sus querencias, y solo tiene sentido desde la capacidad de ver en cada uno de ellos la mayor de las potencialidades. Lo que es seguro acerca de las expectativas es que se cumplen, por eso necesitamos tener el máximo sentido de la posibilidad respecto a cada alumno. Necesitamos pues querer a nuestros alumnos, interesarnos por y creer en ellos. Ahora bien, si realmente queremos ayudarles a articular sus valores y una visión para sí mismos, y de aquí conformar una para el grupo, no deberíamos primero hacer el ejercicio nosotros como profesores? Y si seguimos esa lógica, no deberíamos como tutores y como organización hacer el mismo ejercicio? Y, y aquí viene una pregunta legítima, no deberían estar estos ejercicios alineados?

2. En la cena del miércoles me senté al lado de Kristi, de Estonia, y de Asaf, de Israel. Comentamos el estudio Tripod de la Gates Foundation. Como no conocía los detalles, esa misma madrugada leí el informe de 28 páginas sobre el proyecto. Por resumirlo, la Gates Foundation hizo un proyecto de tres años para contestar a la pregunta de si se podía identificar la buena enseñanza y, de ser así, si se puede desarrollar. Una conclusión principal del estudio es que sí se puede identificar la buena enseñanza y que preguntarle a los alumnos es realmente predictivo. Esta conclusión, que no es en absoluto evidente, es sin embargo totalmente consistente con lo que vemos en ExE al comparar las observaciones de los tutores con las encuestas a alumnos respecto a su profesor -usamos la metodología desarrollada por la Gates Foundation. La discusión que tuvimos sobre las implicaciones sobre nuestros programas fue realmente interesante y destaco dos ideas: 1) hacer más por poner a los alumnos en el centro de nuestras rúbricas de enseñanza (e.g. qué comportamientos, acciones, indicadores vemos en los alumnos en el nivel X de la dimensión Y) y 2) tomar el retorno de los alumnos como base de la reflexión sobre la práctica docente y reforzar el rol del tutor como asistente de los profesores en su desarrollo profesional y mejora continua.

El jueves y el viernes nos reunimos (casi) todo el equipo de ExE -María y Julia se conectaron en remoto y María José sigue de baja de maternidad- en el alberg InOut, un sitio ideal para este tipo de reflexiones de equipo. Nos acompañó Katrina Black de Teach For All. Estos dos días son una gran inversión de tiempo y recursos para todos, especialmente para los que tienen que dejar a su familia, pero a la vez son tremendamente útiles para reforzar los lazos personales y profesionales y para enriquecer, enfocar y alinear el trabajo de todos. Empezamos celebrando las pequeñas y grandes victorias de ExE. Demasiado a menudo nos centramos en lo que no funciona y lo que tenemos que mejorar, que es mucho, y fue reconfortante, por una vez, poder compartir con todos nuestras alegrías y buenos recuerdos. Aprendimos que la mayoría de los buenos momentos fueron protagonizados por alumnos, que son nuestra razón de ser, y por participantes, la segunda parte de nuestra teoría del cambio. El resto de las dos jornadas lo dedicamos a reflexionar sobre la visión que tenemos para los estudiantes y cómo debe impactar nuestro trabajo, desde recruiting y selección hasta alumni, y, con la ayuda de unas líneas de tiempo colgadas en la pared, alineando el trabajo de las distintas áreas. Como conclusión me quedo con las palabras de Isa, de la que celebramos su 1er nuevo-aniversario, que nos contaba que se había levantado el jueves a las 5am en Madrid cansada, enfadada y algo abrumada por la cantidad de trabajo que se le iba a acumular en dos días y salía de Barcelona el viernes a las 19h cansada, pero tremendamente feliz de todo lo que habíamos aprendido y compartido juntos. Qué suerte tenemos los unos de los otros. Gracias equipo.

— Javier

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